Es muy obvio aquello de que hay que limpiar el iPhone. La grasa de los dedos que se va depositando en la pantalla, esa mugre que se cuela por las ranuras de la carcasa… seguro que más de uno le pasa el paño obsesivamente cada poco.

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Pero el iPhone tiene un rincón que a menudo se nos olvida: el ombligo. Esa ranura minúscula de apenas unos milímetros de grosor que sirve para conectar el cable Lightning y cargarlo. Por ahí, aunque parezca mentira, se van colando pequeñas pelusas del bolsillo que en unos meses restan espacio en el hueco. Un buen día, conecté mi iPhone 5 para cargarlo y observé asustado cómo se conectaba y desconectaba a nada que lo moviera un poco. Pensé que el cable no hacía buen contacto o que se había estropeado el puerto de carga.

Entonces me di cuenta de que la parte metálica del cargador no estaba completamente introducida en la ranura, cosa que vi que no era normal al compararlo con el iPhone de un amigo. A simple vista no parecía haber nada ahí dentro. Sin embargo, con ayuda de un palillo empezó a salir de ese pequeño orificio una tremenda pelusa. Repetí la operación un par de veces hasta dejar la hendidura limpia como la patena. Probé y todo había vuelto a la normalidad. Desde entonces he comprobado que en unos meses el puerto se vuelve a llenar y hay que escarbar para dejarlo libre de nuevo.

iphone-Lightning-2Para esta operación de mantenimiento es imprescindible un palillo de madera, dado que con un objeto metálico pueden producirse cortocircuitos en los contactos. Introducimos la punta del palillo y escarbamos hacia fuera suavemente, haciendo la fuerza hacia el lado contrario al que están los contactos. Es un consejo sencillo pero que si somos usuarios nuevos de iPhone nos puede ahorrar algún pequeño susto.

Estudiante de Educación Primaria y Pedagogía en la UNAV y amante del mundo Apple. En mis ratos libres me encanta cantar y meterme en cuevas. En ocasiones veo manzanas.

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